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La constante búqueda de productos de la más alta calidad para el consumo humano y el notable auge que ha adquirido en los últimos tiempos una alimentació con dietas más naturales, han situado al aceite de oliva virgen en el lugar que merecidamente le corresponde. Tanto por sus cualidades intrínsecas, que influyen positivamente en la salud, como por su modo de obtención -por medios físicos, que mantienen inalterable su composición-, el aceite de oliva virgen es un alimento natural.

Puede hablarse de él como “zumo de aceituna“, capaz de transmitir una rica variedad de olores, sabores y colores a múltiples preparados culinarios. En la elaboración del aceite de oliva virgen se conservan los componentes y propiedades químicas, biológicas y organolépticas propias de la aceituna. Esta característica, única entre los aceites comestibles, afirma su incuestionable valor nutricional y dietétetico, puesto en evidencia por la investigación médica. Hablar de dieta mediterránea es hablar de aceite de oliva. Es hablar del consumo de un aceite que no produce colesterol: que incide beneficiosa y favorablemente en enfermedades coronarias y que protege las arterias, que evita la pérdida de calcio y mantiene el desarrollo y mineralización óseos. Digestivo, antioxidante; la última investigación científica avala su consumo en la prevención del cáncer de mama y de alteraciones vasculares y cerebrales.
La leyenda atribuye la invención del aceite al héroe Aristeo, hijo de Apolo y de Cirene. Ya los Griegos y Romanos se servían del aceite para fricciones corporales y los épicos de Homero se cubrían con él después de haberse bañado.